lunes, 5 de diciembre de 2016

HACERLO COMO SABEMOS

Un simple racimo de uvas podía costar una perdigonada en el culo, que así se las gastaban por estos lares contra quienes osaban acercarse a una vid ajena para saciar el terco apetito. «El miedo guarda la viña» se excusaba el escopetero cuando se le cuestionaba la desproporción entre una pequeña acción y su reacción desmedida, entre pretender un insignificante hurto y terminar la tarde igual de hambriento pero con las posaderas sangrando. De esta manera, el perdigón no se dirigía tan solo contra el asaltante; se convertía en un mensaje lanzado a toda la población. Era, en el lenguaje geopolítico de este siglo, una guerra preventiva que convertía las nalgas del ladronzuelo en simples daños colaterales. El objeto de aquel pequeño proyectil consistía en dibujar un miedo genérico para convertirle en celoso guardián de las fincas. Así las cosas, la trayectoria de este miedo siempre caminaba de arriba hacia abajo: nunca guardó la viña el temor del dueño, que ninguno tenía, sino el que se pretende infundir en los potenciales raterillos. Se trataba, pues, del miedo generado por los ricos para trazar la línea, para ahuyentar a los pobres.

jueves, 1 de diciembre de 2016

INCORRECCIONES POLÍTICAS

Hay expresiones que, sin saber por qué, de repente, hacen fortuna y pasan de apenas ser utilizadas a aparecer en cualquier conversación. Algunas de ellas, además, se revisten de un halo de prestigio de forma tal que sirve a quienes las utilizan para alabarse a sí mismo. La penúltima de estas coletillas consiste en jalonar cualquier barbaridad que se ha dicho apelando a que “soy políticamente incorrecto”. Con eso, al parecer, el autor de la ocurrencia se pretende cubrir con un marchamo de prestigio frente al resto que, también al parecer, se limita a repetir consignas escuchadas por ahí.

domingo, 27 de noviembre de 2016

COMO UN CONEJO


Resultado de imagenTal vez sea porque tenemos los ojos en la cara y no en la nuca o porque nuestras piernas están diseñadas para caminar hacia delante, pero lo cierto es que nuestra mente nos traiciona con demasiada frecuencia. La malvada nos hace creer que todo lo por venir está más allá de nosotros, que el camino de la historia es unidireccional. O tal vez solo sea el deseo el que impela al cerebro a proyectar en ese único sentido. Hasta que topamos de bruces con una realidad siempre zigzagueante, siempre presta para escapar como un conejo cuando parecía que la teníamos atrapada. Hace ya años que se desinfló aquella burbuja inmobiliaria; antes, cuando aún crecía a golpes de aire, se presentaban estudios sobre, sea, la sostenibilidad del sistema de pensiones en los siguientes decenios. Alguno de esos trabajos afirmaba, así, rotundamente, sin dejar lugar a duda alguna, que el sistema español gozaba de tal salud que los fondos de reserva permitían garantizar su supervivencia sin contratiempos hasta más allá de 2050. Lo juro, lo vieron estos ojitos repicado en varios medios de comunicación. Y sí, lo he escrito bien, dos cero cinco cero, 2050. No hay como anotar puntos sobre unas tablas, unir media docena de ellos y estirar la línea hasta el infinito como si nada pudiera ocurrir en casi medio siglo que truncase ese caminar hacia delante. Hoy, treinta y tantos años antes de la fecha garantizada por el profeta, con los fondos precisamente ahí, en el fondo, aquel informe no vale ni para envolver sardinas. Las rectas ascendentes de los gráficos decidieron –por usar un eufemismo­– caminar en la dirección opuesta. Ni los ojos estaban preparados para mirar atrás, ni las piernas para desandar lo caminado.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

CUANDO EL RELATO NO VALE

Hace años, en las vallas publicitarias de nuestras ciudades se exhibían una serie de cartelones de una compañía de bebidas alcohólicas. En cada uno de ellos aparecía escrita, junto a la imagen de diversos rostros reconocidos, una frase de esas anodinas, pero cuyo efecto inmediato traslada la sensación de canto a la libertad individual, a la autoafirmación de cada cual. La mirada penetrante de un Tarantino, por ejemplo, al lado de un “Escribo mis propios guiones”. La campaña publicitaria se completaba, entre otras cosas, con el reparto de camisetas con un lema que venía a decir que el portador de dicha prenda era un tipo auténtico, genuino, distinto de ese magma formado por una masa homogénea de seres iguales, por replicantes. Había, eso sí, miles de esas camisetas iguales; miles de personas haciendo un canto a su mismidad pero vestidos de la misma forma.
El principal éxito de los poderes económicos en esta sociedad de masas consiste precisamente en haber conseguido cuadrar esa circunferencia: convertirnos en iguales y, a la vez, hacernos sentir diferentes. En el terreno comercial, la publicidad ha sido el principal instrumento. A poco que nos fijemos, podemos observar que los anuncios cada vez más se mueven en esta línea: a la vez que pretenden que haya millones de personas que adquieran los productos indicados, intentan que cada uno de ellos se sienta especial por haberlo adquirido.

En el terreno del pensamiento, la cosa no es muy diferente. Los medios de comunicación, sobre todo los audiovisuales, son la única relación de buena parte de nuestros convecinos con la realidad. De esta manera, la agenda informativa, la relevancia de unos hechos frente a otros, viene marcada desde fuera. Los ojos por los que vemos la realidad, aunque creamos que son los propios, son ajenos. Incluso el bosquejo argumental con el que nos vamos apañando nos viene dado. Pensamos que existe recuperación si lo repiten una y otra vez, si muestran a discreción los gráficos o índices que mejor se adecuan al hecho del que se nos quiere convencer. Datos que muestran, pero no explican. El problema llega cuando el abuso es tal que la realidad del día a día se enfrenta a la imagen mostrada. Se termina por no creer en nada. Surge la desafección en masa, se abona el terreno para que crezcan los Le Pen, o engorden los Trump. Y lo hacen escudándose en lo políticamente incorrecto. Materia esta para el próximo jueves. 
Publicado en "El Norte de Castilla" el 24-11-2016

sábado, 19 de noviembre de 2016

ESTUDIOS SATURNALES

Hemos conocido un estudio sobre la atmósfera de Saturno. ¡Qué estupidez –se oye decir–, con la de problemas serios a los que podrían dedicar el tiempo y el dinero! ¡Ya! –responden los científicos–, pero ahora podemos disponer de un material que nos permite conocer las dinámicas que se producen en la atmósfera terrestre, el cambio climático, por ejemplo. Cualquier conocimiento parte de la observación, pero para abordarlo en profundidad son necesarias las sistematizaciones teóricas y experimentales. Sin ellas, podemos ver cómo cae una manzana pero no entenderemos por qué. Es frecuente que los contemporáneos de los científicos, en vez de verlos como adelantados a su época, les traten como ‘taraos’, muy listos, eso sí, que pierden el tiempo en chorradas.

jueves, 17 de noviembre de 2016

ES DE SENTIDO COMÚN

En nuestro cerebro se va instalando, de la misma manera que un programa informático en un disco duro, una lógica de pensamiento que es capaz de proporcionar respuestas inmediatas a las preguntas que la realidad nos realiza. En algunos casos nos sirve para sobrevivir, en otros para interpretar la complejidad del mundo con media docena de patrones. Pero estas ‘lógicas’ no son inmutables ni inocentes. Lo primero es una obviedad, lo que ahora vemos como natural, antaño fue un anatema y viceversa. Lo segundo, a poco que lo pensemos, también es evidente: dado que a la construcción de esta ‘aplicación’ que bien se puede llamar ‘sentido común’ contribuyen buena parte de los factores que, como el aire, nos rodean; quienes tienen capacidad para influir en nuestras vidas intentarán que sus mensajes nos calen hasta los huesos para que respondamos de la manera que mejor les conviene.

sábado, 12 de noviembre de 2016

OBITUVARIOS

Si el argumento lo hubiese escrito Francisco Nieva no sabríamos en qué categoría -entre las que el propio autor dividió sus trabajos- encuadrar la obra. Podríamos pensar en catalogarla como ‘Teatro furioso’ por aquello del arranque del rival; pero dado que apenas hubo rapidez, ni sorpresa, ni pudimos encontrar un ápice de sátira o ironía, este estante queda descartado. Lo intentamos en el vasar del ‘Teatro de farsa y calamidad’ por aquello del resultado; pero no encontramos ninguna trama compleja, ni un poco de intriga, ni hubo personajes que vistiesen la capa del héroe romántico. El partido careció de sustancia suficiente para que el dramaturgo castellano-manchego la hubiera subido a las tablas.

jueves, 10 de noviembre de 2016

NO ES TRUMP, ES EL DESAMPARO

De momento, al menos de momento, los miedos que despierta el nuevo ‘Master del Universo’ son excesivos. Al fin y a la postre, los poderes de los presidentes de los USA vienen limitados por un sistema que constriñe y una estructura que impone. Trump no será una excepción a esta norma. El sistema sirve como cortafuegos para cualquiera que pretenda salirse por la tangente, permite al primer mandatario tomar decisiones siempre y cuando no sobrepasen las líneas prefijadas. La estructura mediática y económica, valga la redundancia, pendiente de unas cuentas de resultados que no está dispuesta a dejar al albur de las ocurrencias del presidente, aprieta o afloja en función de sus conveniencias.

lunes, 7 de noviembre de 2016

ALBERT CAMUS Y LA VIDA...




Hoy se cumplen 103 años desde que naciera Albert Camus. Él escribió la frase que ilustra este texto. Muchas veces me han preguntado que por qué me gusta tanto el fútbol, otras tantas me han dicho que el fútbol sirve para alienar a la sociedad (una especie de opio del pueblo). En esta frase está la respuesta....porque todo eso que ocurre en la vida lo veo mimetizado en un terreno de juego y ver fútbol, analizar lo que acontece en el rectángulo y en el entorno, por tanto, me ayuda a comprender mejor al ser humano. No es sorprendente, claro, que el propio Camus, el mismo que escribió esta frase, escribiese también que "todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol" entre otras cosas porque “pronto aprendí que el balón nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me sirvió mucho en la vida”.