jueves, 19 de enero de 2017

LOS COPOS DE NIEVE

El pasado sábado, en Česká Třebová, una pequeña ciudad checa situada en la región de Pardobice, en medio del triángulo que forman Praga, Ostrava y Brno las tres grandes ciudades de este país centroeuropeo, un grupo de chavales jugaban un partido de hockey sala en el polideportivo local. Un escaso centenar de personas disfrutaban del juego. De repente escuchan un alarmante crujido y, pies para qué os quiero, en unos segundos nadie quedó allí. Al poco, el techo se fue viniendo abajo al no poder resistir, eso parece, el peso de la nieve que se había ido acumulando. Un copo apenas pesa nada, ni dos, ni… 

sábado, 14 de enero de 2017

PINGÜINOS EN CÁDIZ

Los gaditanos exhiben con orgullo el título virtual de ser la ciudad más antigua de occidente. Presumen de existir desde el siglo XII o XIII A.C., que ya ha llovido. Por indicar una referencia temporal o porque los números dicen poco cuando hablamos de tan atrás, la costumbre sitúa ese momento del nacimiento de la urbe gaditana tomando en relación a otro hecho que tiene más de leyenda que de realidad: la guerra de Troya. Esta visión mítica otorga a Cádiz solo ochenta años menos que los sucesos que siglos después Homero relató en la Ilíada y la Odisea. En realidad,  nada existe que atestigüe dicha antigüedad. Las primeras alusiones documentales sobre la existencia de un núcleo urbano  nos remiten ya al siglo XI A.C., aunque los arqueólogos, por más que han picado, no han sido capaces de encontrar vestigios que nos retrotraigan más allá del VIII A.C. Lo cierto es que ese espacio tan estrecho como privilegiado, ese mirador de tres continentes, esa puerta al Mediterráneo,  ha albergado a diferentes civilizaciones, ha visto llegar unos y partir a otros de forma sucesiva. Cada uno de esos pueblos celebraría las cosas a su manera y de todos ellos algo habría de quedar. Sumando tradiciones festivas se fue consolidando un acervo que sirvió para cocer el caldo al que posteriormente se habría de incorporar la carne propia de los días previos a la celebración cristiana de la Cuaresma. Con todo ello, el guiso de los Carnavales estaba servido ya desde el siglo XVI. Y los gaditanos, hijos de mil madres, lo hicieron a su manera: riéndose de sí mismos. Podrá haber Carnavales más antiguos, los de Venecia; con más prestigio, no sé, los de Río de Janeiro; pero no creo que ninguno acentúe tanto el carácter irónico, mordaz y crítico con el poder como los gaditanos. Seguramente sean también los más largos, que era septiembre cuando –intentando conocer aquello con mi bici pasé por la vecina Barbate, o puede que fuera Zahara­– vi unas sillas dispuestas frente a un escenario. Pregunté, ingenuo de mí, mi interlocutor me miró como si fuera de otro planeta y me dijo que era para una actuación de las comparsas del Carnaval. En septiembre, ya digo. Aquí, en la estepa castellana, somos más secos, más de Cuaresma que de Carnaval, pero también tenemos lo nuestro: alardeamos de frío y, precisamente, cuando más hace, nos llegan oleadas de moteros que con una guasa más propia del sur se autodenominan ‘Pingüinos’.

viernes, 13 de enero de 2017

ADJETIVOS INOCUOS Y FRUSTRADORES

Los adjetivos son esas palabrejas que sirven para calificar al sustantivo. Según qué función realicen en la oración podemos amontonarlos en diferentes estanterías. Se les puede dividir también por su valor, por lo que aportan al nombre. Así, unos tendrían una labor explicativa, los que se limitan a expresar la cualidad del objeto; otros, especificativos, aquellos que sirven para diferenciar dicho objeto del resto de los de su especie en función de la facultad señalada.  Otra subdivisión de los adjetivos haría referencia al grado. Los positivos se limitan a indicar la cualidad; los comparativos sirven para valorar la cualidad de un objeto frente a la misma de otro y los superlativos que expresan el mayor grado posible del adjetivo.

sábado, 7 de enero de 2017

NO ES FALTA DE RESPETO

Va para una docena de años desde ese 20 de febrero en que fuimos convocados a un referéndum en el que se nos pidió nuestro parecer sobre si el Parlamento español debería ratificar aquel remedo que se presentaba como Constitución Europea. El Gobierno, una vez realizado el recuento, se felicitaba porque, según decían, el 77% de los españoles habían votado afirmativamente. Con afirmaciones semejantes aparecieron, también, diversos titulares en la prensa. La aseveración, sin embargo, tropezaba con un hecho   que no parecía frenar el entusiasmo: seis de cada diez personas con derecho al voto habían decidido quedarse en casa, cada cual por sus motivos. Algunas no entenderían la diferencia entre una opción y otra, a otras les daría exactamente igual. Tanto da, esas personas parecían no contar en las valoraciones oficiales. Item más, hace apenas un par de meses, en el centro del imperio se celebraron elecciones presidenciales. Ganó Donald Trump, nada que no sepan, y sobre ese resultado se han escrito miles de textos hermenéuticos con la pretensión de descifrar las motivaciones que han llevado a los norteamericanos a votar lo que votaron. La realidad es que, para no perder su costumbre, poco más de la mitad de quienes estaban llamados acudieron a las urnas . La otra ‘casi mitad’ no fue digna de análisis alguno. Como si no fueran parte del mismo cuerpo al que se estudia.

jueves, 5 de enero de 2017

SORPRENDENTE Y DEPRIMENTE

La rivalidad entre la nostalgia y la creencia en el avance lineal del tiempo siempre se desarrolló en los mismos términos: ocupan espacios vecinos, no dejan de mirarse con desdén, se mienten mutuamente y, lo que es peor, se engañan a sí mismas haciéndose ver mejor de lo que son. La nostalgia se dice, y nos viene a decir, que cualquier tiempo pasado fue mejor. Estudiar un poco de historia, solo un poco, sin embargo, desmiente el aserto. Las luces y las sombras se intercalan como los números racionales y los irracionales: siempre es posible encontrar una luz entre cualquier par de sombras por muy cercanas que estén, y viceversa. La añoranza por los tiempos pasados solo puede emerger gracias a ese talento tan humano para domesticar la memoria de forma que esta pueda difuminar los aspectos más negativos a la par que enaltecer los que nos fueron gratos.

jueves, 29 de diciembre de 2016

TERCERA OLA O BELA LUGOSI

Alguna vez he llegado a pensar que Pablo Iglesias ansiaba convertirse en un émulo de Ron Jones, aquel profesor californiano que puso en práctica en el instituto en el que trabajaba un experimento sociológico con sus alumnos al que denominó ‘La tercera ola’. Este experimento se convirtió en novela gracias a Morton Rhue y de esas páginas saltó a las pantallas de la mano de Dennis Gansel. El profesor Jones pretendió demostrar que cualquier sociedad, por libre que se crea, nunca está del todo vacunada frente a los totalitarismos. Jones tuvo que frenar el experimento cuando comprobó que la cosa se le iba de las manos. Alguna vez, ya digo, imaginaba que cualquier día Pablo Iglesias habría de tomar el micrófono para hacernos saber que la ola Podemos era parte de un ensayo, que intentaba conocer el reflujo que producía el verbo ganar, que la experiencia había sobrepasado sus expectativas y que, por tanto, había llegado la hora de revelar la verdad para dar por concluido el juego.

jueves, 22 de diciembre de 2016

SE ADMITEN APUESTAS

Cuando todavía hablábamos en pesetas se decía aquello de “si debes un millón a un banco tienes un problema; si le debes mil millones, el problema es del banco”. En realidad, aunque la utilizase como señuelo, el aforismo no se refería estrictamente a la banca. Venía a decir, sin más, que quien tiene cogida la sartén por el mango no se quemará ni recibirá un hipotético sartenazo. La única sentencia referida a la banca que pertenece a la categoría de axioma afirma que esta, se le deba uno o mil millones, siempre gana o, al menos, nunca pierde. Semejante logro se debe a que la banca es una maquinaria que opera con una materia prima que ni siquiera es suya: el dinero.

domingo, 18 de diciembre de 2016

RELATO INCONSISTENTE

Si ya de por sí es difícil desgranar qué es verdad y qué es mentira sobre lo que oímos en los relatos que cuentan lo que ocurre en nuestras inmediaciones, resulta misión imposible separar el grano de la paja en las espigas que brotan en territorios ajenos, lejanos y desconocidos. Más aún si el terreno en que germinan no es un campo fértil, sino el suelo pedregoso de una guerra. En estos casos, el desconocimiento real de la verdadera naturaleza de lo que ocurre, en vez de disminuir, puede aumentar conforme aumenta el caudal informativo. Es así en los aconteceres que por desgracia se han vuelto cotidianos en el territorio sirio.

jueves, 15 de diciembre de 2016

¡AY DE AQUELLAS PREVISIONES!

Allá por aquellos años del ‘España va bien’ se construyeron una serie de autopistas de aquellas de “haga falta o no pero que en casa no falte de nada”. Se hicieron unos planos más o menos bien y unos estudios de previsiones menos o más mal. Los planos sirvieron para la ejecución de unas obras que se culminaron y ahí están, muertas de risa, pero estar, lo que es estar, están. Y así están, con esa cara de emoticono simpaticón, porque los folios en los que se apuntaron las previsiones, en vez de con tinta seria, fueron escritos con humo de prestidigitador. Aquellos pobres papeles empachados de números y más números, de coches y más coches que habrían de surcar el territorio alimentando un negocio redondo, valían lo que puede valer el papel higiénico.
La realidad, al poco, vino a mostrar que en esto de los negocios, cuando interesa, “toda la cuenta es sueño y los sueños, sueños son”. La cosa no salió, claro, ¿quién lo iba a pensar?, los desalmados conductores prefirieron circular por una autovía gratuita que aflojar pasta en la autopista paralela.